Cuenta el imaginario periodístico que la temporada en que uno, Felipe Camiroaga, lograba dar con el palo al gato, el otro, Rafael Araneda, tenía que morder el polvo del deslucimiento o de la crítica despiadada. Añade la fantasía que cuando hay un evento oficial en TVN, donde ambos trabajan, bajo la luz de la fiesta -como pasó esta semana- tienen que estar los dos: como auténticos ejemplares de animador alfa que son, viven en constante y mutua comparación y marca. Si esas fantasías, sobre todo la primera, algo tenían de ciertas, en los últimos meses Araneda se ha encargado de desdibujarlas. El ex tío conductor de “Rojo” logró despegarse de su sombra, al instalarse en 2009 como rostro de dos aciertos que le permiten vislumbrar un 2010 de cosecha.
Uno es “Pelotón”, el reality show de figurillas en traje de campaña militar que ayudó a levantar la pantalla de la red estatal. El otro es una antigua obsesión del animador, que apostó por una agitada agenda de viajes a México para conducir “La Academia”, un espacio de talentos que vivía momentos bajos en TV Azteca. Qué duda cabe: esa experiencia internacional, más allá de que no se exhiba en el principal canal mexicano, le ha dado al animador roce propio, valor añadido personal. Hoy Araneda (40), de profesión periodista y formado en TV bajo el alero del productor Jorge Mackenna en La Red, sabe que puede: si todo fallara aquí, no partiría de cero allí. Gracias a esa misma espalda que se ha forjado a golpe de esfuerzo, quizá para él haya llegado la hora de pulir.
Araneda, que conducirá un estelar de circo durante el primer semestre, tiene una deuda: si bien el entretenimiento es lo suyo, da la sensación de que puede ser más hondo. En “Pelotón”, interrogando a los reclutas, logró demostrar que es capaz de apagar la juerga para crear momentos íntimos. Con ese mismo test en la mochila y echando mano al espíritu de trabajo del que mucho se enorgullece, tiene la posibilidad de explorar en esta cuarta década de su vida el mundo del diálogo. A la TV chilena le hacen falta más conversadores empáticos, bien informados, profesionales y dispuestos a pelar el ajo. Sucesores del Don Francisco de “Noche de Gigantes”, de Raúl Matas o de Alfredo Lamadrid. ¿Quién dice que ese heredero no es Araneda? Por ahora nadie: la respuesta depende de él.
