(Publicada el 27 de diciembre de 2009)
Lejos de las exigencias faranduleras a las que está sometido el Festival de Viña del Mar y abriendo oficialmente cada año la temporada de eventos veraniego-musicales mediáticos existe el Festival del Huaso de Olmué. En 2010, el año del Bicentenario, la cita -que fue presentada esta semana- será entre el 22 y el 24 de enero.
Ni hermano chico, puesto que su naturaleza es distinta, ni hermano pobre, porque su duración y su aspiración de influencia son de menor calado, el certamen del Patagual tiene de todos modos en su ADN algo de parentesco con el de la Quinta Vergara: ambos forman parte de esa particular familia que busca unir en un solo paquete el show en vivo con una emisión en TV.
Pero mientras uno, el de la Ciudad Jardín, suele provocar disgustos o dolores de cabeza, porque en su diversidad ecléctica no puede dejar contento a todo el mundo, el del Huaso navega en aguas tranquilas. Y no es porque su propuesta sea tan ortodoxa: con Natalino, Joaquín Sabina o Los Bunkers en su menú 2010 se sale por completo del folclor de la zona central. La inclusión de esos nombres, sin embargo, no molesta. Debe ser porque son la nota de color delante de un telón que CHV, el canal organizador, ha sabido manejar con coherencia y astucia: el del rescate de las raíces.
Desde que lo tomó en sus manos, en 2006, la estación privada ha apostado por instalar Olmué en torno a la idea de “músicas del mundo”, que es un ancho saco donde caben los sonidos que tienen raigambre en lo popular por origen o también por gusto. Por eso, Zalo Reyes, el “Gorrión de Conchalí”, es perfectamente congruente con la propuesta. Como lo son el amplio y diverso abanico de músicos que saldrán a defender los temas en competencia, este año dedicados a grandes autores locales, como Violeta Parra o Jaime Atria.
Ver, en el lanzamiento del lunes 21, todos juntos y con la copita cerca, a artistas consagradísimos como Los Huasos Quincheros con la gran carta de futuro que es Camila Moreno, era un placer. Primero porque ella da cuenta de que aún hay raíces que alimentar en Chile. Y segundo, porque la mezcla, en la que también figuran Las Cuatro Brujas y Quilapayún, habla de un ecumenismo que durante años ha estado ausente de nuestras pantallas. Bien por Olmué. Bien por la buena música chilena. Y bien por los telespectadores, quienes en enero podremos poner a prueba la promesa de diversidad del Festival del Huaso de Olmué.