(Publicada el 3 de enero de 2010)
1) Que la nueva temporada de “Los 80”, la que nos debe traer el terremoto de 1985, se realice y sea tan intensa, delicada y verdadera como la que acaba de terminar. Y que, además de hacernos recordar cómo se vivía la ética del amor familiar de entonces, los guionistas se apiaden un poco de nosotros los televidentes: tanto sufrimiento rondando en torno a los Herrera y sus amigos agota un poco el corazón nostálgico.
2) Que, contra lo que indican los antecedentes estadísticos, Tonka Tomicic logre romper la “maldición” y pueda demostrar que un rostro femenino “robado” por la grúa de Canal 13 a las televisoras de la competencia sí puede salir adelante en la estación católica. Su oportunidad de comenzar a demostrarlo está cerca: hoy debuta junto a Sergio Lagos en “El hormiguero”.
3) Que CHV rompa la mala racha que ha rondado a esa telenovela antes de su salida al aire, y logre instalar una piedra fundacional sólida con la primera teleserie nocturna de su historia. “Mujeres de lujo”, de Coca Gómez, promete harta piel (muy en la línea de esa estación privada). La duda, como en toda telenovela, gira en torno a la historia: si es buena, dicen los entendidos, tendrá la fuerza para capturar audiencia y crear hábito. Y si lo consigue, matará dos pájaros de un tiro: apuntalará el área dramática del canal y se transformará en una competencia real para el rey del género, TVN.
4) Que TVN rompa la lógica autoimpuesta de que para apalancar su pantalla debe tener un tándem hecho de teleserie nocturna y reality show a partir de las 22:00 horas. No es que haya algo de malo en esos programas (de hecho “Dónde está Elisa?” de Pablo Illanes, además de fenómeno de sintonía, era excelente). Pero la falta de diversidad que esa fórmula franjeada provoca, al colarse además en el resto del menú televisivo del canal, aburre y puede terminar pasando la cuenta.
5) Que el Bicentenario, fecha tan recurrente en las frases promocionales de la TV local, signifique de verdad un salto cualitativo. Se supone que 2010 traerá un gran avance tecnológico, con la emisión del Mundial de Sudáfrica en digital. En el mundo ideal, ese gigantesco paso en la forma debiera tener un correlato en el fondo, con un aumento sustancial en la calidad de los programas y más riesgo en las apuestas, porque de otro modo no sirve: ver con más nitidez las trivialidades de los programas de farándula o las intrigas de un reality show es, si se permite decirlo, aporte cercano a cero.