(Publicada el 11 de octubre de 2009)
El origen de estas líneas está en una pregunta, formulada por una persona muy perspicaz: ¿en qué están los espacios para niños hechos en Chile? La trágica respuesta, que chapotea en lo evidente, es que en general no están y que las parrillas de programación de los canales locales dan cuenta de una escasez dramática: la TV abierta no ofrece contenidos dedicados a menores de edad, salvo los mismos dibujos animados y series de siempre, la mayoría hechos fuera de casa y casi todos disponibles a todo evento en canales de cable.
En Chile, a pesar de notables esfuerzos, como “31 minutos” de Aplaplac que ya es un mito, no existe un desarrollo que hable de una continuidad en espacios infantiles propios; menos aún de una industria chilena dedicada a la TV infantil. ¿Qué nos pasa? Los conocedores afirman que hacer TV propiamente para menores es carísimo. Y como no hay mercado que pague o financie, hasta ahora ha sido el Consejo Nacional TV, a través de sus fondos concursables, el gran mecenas: los pocos espacios locales que han visto la luz le deben la vida al Estado.
Ya que la regla es ésa, una sugerencia: si la prometida televisión digital traerá un ensanchamiento de la diversidad de contenidos y propuestas y si para eso ese Estado subsidiario nuestro se meterá la mano a un -suponemos- ancho bolsillo, ¿no será posible que ponga reglas? Por ejemplo, a los canales que van a darnos el servicio de TV: que generen señales o contenidos infantiles en serio. Para eso, claro está, habría que tener claras dos cosas. Una es que el grifo de la financiación debe ser muy ancho, porque una sola serie de animación de 10 capítulos de 20 minutos puede costar unos $80 millones. Y la otra es que nuestros legisladores y pensantes deben sentarse a proyectar de verdad y con calma la TV que se espera: la calidad, ya se sabe, no se da por generación espontánea, hay que alimentarla con neuronas.
Por si alguno quisiera reflexionar. Dos datos, casi contradictorios. El primero es que la vieja idea de TV infantil está desbordada. Los niños chilenos ven de todo y a toda hora, como “Infieles” y “Dónde está Elisa?” que van después de las 22:00: el 14% del público de la exitosa telenovela de TVN son menores de edad y en 2009 el 13% del público de la serie de CHV tiene menos de 18 años. Eso sin mencionar internet, cuya ubicuidad permite acceso a todo lo que sea posible imaginar, incluida TV chilena que no va en horario de protección al menor. El segundo dato es que pese al interés de los críos por programas que en rigor no son para ellos, los canales más vistos del cable son los infantiles, con Disney Channel y sus Hannas Montanas a la cabeza. O sea, cuando la programación clásicamente hecha para ellos es buena, los niños la ven.